Lentamente, como dándome tiempo para alejarme, rozó sus labios contra mi mejilla. Tierno, cálido y desoladoramente gentil. Me obsequió poco menos que una caricia antes de regresar a su habitual rigidez. Hubiera permanecido inmóvil desde el momento en el que su boca erizó mi piel.
productos vistos recientemente
Cartas de Amor a los muertos
300.00 L
Ese dia cayo en domingo
390.00 L